domingo, 26 de septiembre de 2010

Yo

Entre las mentiras encontraste tu espejo. Eres un reflejo mas en la soledad. Las lágrimas inundan tu rostro mientras tu verdadero yo te alecciona sobre la clase de calaña que eres. Habrá que aprender a vivir, dijiste en tu lecho de muerte. Los errores son dagas que te persiguen por el infinito de cada segundo. Cada lágrima una derrota inservible que desaguan las alcantarillas. No te mires mas, no siendo que te veas, no te busques, no siendo que te encuentres. De todos los barrizales conseguiste salir, lleno de lodo, sollozante, pululas por calles inciertas de una desconocida ciudad.

sábado, 11 de septiembre de 2010

PERDEDOR

Comenzaste el combate desde la lona
y mientras los dedos borrosos contaban diez
tu escupías una mezcla de sangre y dientes.

El tambor tenia seis balas y sus cinco caras
te miraban aliviadas la pistola en la sien.

La persiana solo te dejaba ver un traje negro
un maletín negro, dentro un hedor a whisky lo llenaba todo.

Encontrarla fue duro pero mereció la pena
pensabas en el día de su boda.

Sonreía mientras explicaba como usar esa mascarilla
en caso de accidente o colisión.

Abriste la carta y reconociste en el acto tu propia letra

POBRES

Miraban al cielo sedientos y llovieron bombas
Escarbaban entre la tierra tras raíces y cavaron su propia tumba
El oasis es un perpetuo espejismo para ellos
perros flacos sin sitio para pulgas escuálidas
vientos sembrados y tormentas cosechadas
ciclones, huracanes
el infierno que les llama abriendo las carnes de la tierra
pidieron pan y recogieron restos
tenían sed y masticaban hambre
pobres,
que miran y miran al cielo en busca de lluvias
de dioses
de arboles
y solo sienten el ruido de las bombas.

CIENCIA

El medico rodeo al paciente. Frunció el ceño. Tosió. Saco un extraño aparato de la maleta, le hizo una prueba. Miro los análisis. Cambio el gotero de sitio. Rodeo con gesto nervioso de nuevo al paciente. Su voz tembló levemente para decir:
No hay solución. Dios ha muerto.

martes, 31 de agosto de 2010

Humanos

Mosca. Golpea contra el cristal. En movimiento zigzageante. Una y otra vez. Siempre el mismo cristal. Siempre la misma forma de búsqueda de evasión. Y siempre el mismo resultado. El "pop" del golpe de su cabeza contra la ventana. Detrás, una puerta abierta, que lleva a otra habitación plagada de ventanas abiertas que dan al espacio abierto, balcones que te llevan al exterior, puertas que te llevan a las afueras. Pero la mosca golpea una y otra vez el mismo cristal desde el que ve su supuesta ansiada libertad. Uno y otro intento. Una y otra vez. Tan mosca.

Destino

Siempre creí en el destino. Y por eso me limite a esperarla sabedor de que su llegada se produciría en el preciso instante en que debiese.

La primera señal llego una tormentosa tarde de agosto. Corría con mi bicicleta por las veredas de mi pueblo, tratando de llegar a casa antes de que la lluvia comenzase a precipitarse sobre mí, cuando sentí un zumbido en el aire. Frene y mire al cielo. Un avión surcaba las nubes a 2500 pies de altura y sentí su carita pegada al cristal mirándome desde lejos. Entonces supe que era ella, y pedaleé con fuerza entre las gotas que corrían por mis mejillas.

Solo fui sociable por obligación. Cumplí los ritos del trabajo y del ocio, camuflado como una persona más. Trabaje, me relacione y viaje, todo con un aire de distancia que me caracteriza, una cierta sensación de ausencia de la realidad.

Volviendo de mi tradicional crucero que esta vez abarcaba el mar Egeo, Turquía y las islas griegas, percibí un segundo aviso. Estaba en la cubierta, ligeramente mareado por la cena de la noche anterior. A lo lejos otro barco navegaba en sentido contrario probablemente con dirección a las Canarias. Y desde mi posición inclinada sobre la barandilla del ferry vi una lejana figura en una barandilla semejante de un barco parecido. Me erguí y no pude menos que sonreír, pensado ensimismado que mi sonrisa seria devuelta por la suya en este juego de espejos.

El destino era como yo, tranquilo y paciente. Y el acercamiento era lento. Años más tarde, pasada ya mi treintena, disfrutaba de la piscina de mi ciudad para sofocar el soporífero calor urbano. Al lanzarme desde uno de los costados de la piscina, buceando sobre la superficie del agua, un cuerpo me rebaso por debajo de mí, acelerando ostensiblemente mi corazón. Supe que era ella. Cuando acerté a salir, la muchedumbre dominguera cubría toda posible vista.

El momento se acercaba, pensé optimista.

Me asome al buzón en busca de las cartas del banco y de publicidad. El piso del vecino estaba ya ocupado. Leí su nombre, Susana, y mi rostro tembló casi sin poder controlarme. Rápidamente cogí el ascensor perdiendo por primera vez en mi vida mis endurecidos nervios. En mi viaje ascendente, mi ascensor se cruzó con otro que bajaba. Entre los barrotes y las cristaleras pude ver un rostro fino de pelo largo, que erizó el vello de mis brazos. La cercanía del encuentro me trajo noches de agitación y sudor. Sabía que ha dos centímetros de mí estaba ella. Separados por una fina pared nuestros cabeceros reposaban el uno contra el otro, tratando de unir nuestros sueños.

Esos días pasaron largos para mí. Pero todo me indicaba que debía esperar. Que solo un pasito, un susurro, una pared separaba el ansiado momento. El destino me esperaba.

Todo ocurrió muy rápido, llegue al teléfono a duras penas y pedí auxilio con voz ahogada. La ambulancia corría hacia el hospital cardiológico mientras mi corazón infartado luchaba por seguir. La enfermera corría por el pasillo con mi camilla y yo a cuestas en dirección a la zona de cardiología, en lo estrecho del pasillo y entre la bruma del momento, note como otra camilla se cruzaba con nosotros llevando una mujer embarazada hacia la sala de parturientas. Mi corazón en un esfuerzo de consciencia me aseveró que era ella.

Susana paseaba con su carrito por la ciudad. Era un día agradable con tibio sol que ayudaba a calmar el frío. Se disponía a cruzar la calle cuando una funeraria paso a dos centímetros casi arrollando a su bebé. El enfado momentáneo, torno en turbación, y la turbación se convirtió en una horrible pena, como si en ese vehículo se hubiesen llevado a la persona de su vida.

lunes, 23 de agosto de 2010

Lluvia


La foto es de Pakistan de la portada de "El Pais" del día de ayer. La gente parece mirar al cielo implorando una ayuda que no llegará y que aunque llegue nunca será suficiente.
Pero observando la imagen con detalle nos revela algo que a primera vista parecemos no ver. Las personas hambrientas, desquiciadas, exhaustas parecen rogar a Dios por que les salve de esta situación, pero las miradas no son para Dios, ni los ruegos son para el cielo, si miras la foto con detenimiento, verás que te miran a ti, que nos miran a nosotros, miran hacia arriba, hacia el primer mundo en el que estamos y sobre el que estamos, flotando por encima de ellos, y te miran implorantes, agónicos, muertos, suplicandote, tan solo, un poco de ayuda.