La memoria se me fue. No recuerdo nada. O casi
nada. Recuerdo mi gente, recuerdo un lugar, recuerdo una guerra. Pero nada,
apenas nada recuerdo. No llego a recordar si quiera si estoy muerto. Si, seguro
que estoy muerto. Todo fue hace mucho tiempo. Moral de Sayago se llamaba el
pueblo. Pero no me acuerdo de mi infancia recorriendo sus calles. Ni la
juventud me viene a la memoria. Recuerdo un hijo y una mujer. Una mujer y un
hijo.
Recuerdo una guerra.

No recuerdo mi muerte. Ni mi tumba. Ni las flores
marchitas que reposan sobre ella. Ni la lápida de pulido mármol con mi nombre labrado en amplias letras. Pero tal
vez recuerdo mi nombre, Herminio, si,
Herminio. Herminio Nicolás de Pedro.